Velázquez
 
 
Selección de las pinturas más importantes de Velázquez:
 
 

Introducción sobre el artista:

Nacido en 1599 y muerto en 1660, cuando contaba a la sazón de 61 años de edad, lo que por entonces suponía haber vivido mucho, Diego Velázquez tardó en ocupar el puesto de privilegio que hoy universalmente se le concede en la historia del arte. La causa de edte retraso en su reconocimineto crítico se debió en primer término al aislamiento del genial pintor en la corte de Felipe IV, a cuyo servicio ingresó en 1623 y en el cual permaneció durante 37 años hasta su fallecimiento, pero también el progresivo aislamiento del país, que iniciaba en aquellos momentos su fatal declive, y, en fin, sobre todo, el aislamiento de su obra, que, conservada en las infranqueables estancias palaciegas, no pudo ser contemplada por casi nadie hasta la apertura al público del Museo del Prado, inaugurado en 1819.


Superada esta última y decisiva contrariedad, no se produjo, sin embargo, un aprecio súbito del excepcional valor artístico de su pintura, pues las primeras generaciones de visitantes del Prado estaban aún dominadas por un gusto romántico, que destacaba en el recién descubierto estilo de la Escuela Española principalmente lo que éste tenía de exacerbado naturalismo y de exaltada religiosidad, dos cualidades que no eran muy características de Velázquez. De manera que hasta la segunda mitad del siglo XIX y, en particular, entre las décadas de 1860 y 1880, que fueron las del desarrollo y triunfo del naturalismo impresionista en Francia, no se puede hablar de auténtica estima internacional por la obra del maestro sevillano, al cual descubrió Manet con motivo de su viaje a España en 1865, quedando entonces tan impresionado que le elevó a la categoría suprema de "pintor de pintores". A partir de aquella época la suerte de Velázquez quedó sellada, sean cuales fueran los gustos públicos, ya nadie se ha atrevido a discutir su lugar entre los mejores artistas del mundo y de todas las épocas

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Dotado de una extraordinaria capacidad para similar lo mejor de la tradición artística, que pudo estudiar con detalle gracias a la visión de la excepcional colección pictórica de los reyes de España, así como lo más interesante de las muchas novedades que se produjeron en su época, a las que pudo acceder primeramente, gracias a su infancia y juventud sevillanas, pues por la capital andaluza llegaba a España buena parte de la pintura europea de entonces, pero de las que después se siguió informando gracias a sus viajes a Italia, Velázquez es un compendio de los rasgos artísticos más sobresalientes del siglo XVII.

 

 
 

Temas religiosos:

La Adoración de los Reyes Magos

Pintado para la Capilla del Noviciado de Jesuitas de Sevilla, en el año 1619. Se trata de la primera tela fechada de Velázquez y en ella se refleja su naturalismo tenebrista característico del pintor durante su primera etapa sevillana.

 
     
 

Cristo Crucificado

Pintado hacia 1632 para el Convento de Benedictinas de San Plácido, de Madrid, donde permaneció hasta 1808, ingresando 21 años después en el Museo del Prado. Este Cristo es el más célebre de los que pintó Velázquez y sin duda una de sus mejores obras de arte religiosas.

 
     
 

La Coronación de la Virgen.

Pintada para el oratorio de la reina Isabel en el Alcázar madrileño, se discute su datación. En esta obra solemne y monumental, basada en un sistema de triángulo invertido, Velázquez logra de nuevo, un equilibrio entre las necesidades de idealización y el verismo de los modelos, cuya belleza nos impresiona.

 
     
 

San Antonio Abad y San Pablo, ermitaño.

Pintado para una ermita de los jardines del Retiro, donde se construyó el célebre palacio del mismo nombre en 1633, este cuadro de tema religioso, que representa la legendaria visita que hizo San Antonio Abad a quien le había precedido en el retirarse a la soledad desértica, San Pablo, ermitaño. Debió realizarse hacia 1634, aunque debido a su extraordinaria calidad algunos expertos opinan que data de una época más tardía.

 
     
 

Temas mitológicos:

Los Borrachos o El triunfo de Baco.

Muy popular, es valorada como una de las primeras obras maestras de Velázquez. Pintado en 1629.

   
 

La Fragua de Vulcano.

Fechada en 1630. Apolo irrumpe en la fragua de Vulcano para advertirle de la infidelidad de su esposa Venus., pintado probablemente durante la primera estancia del pintor en Italia.

 
     
 

Las Hilanderas.

Considerado, junto a las Meninas, una de las obras maestras del periodo final de Velázquez. Representa la disputa de habilidades en el hilado entre Minerva y Aracné, y el castigo de ésta convertida en araña. Debió ser pintada hacia 1657.

 
     
 

Las Lanzas o La Rendición de Breda.

Pintado en 1635 para el salón de reinos del Palacio del Retiro. Es una de las obras más célebres del pintor. Representa un episodio victorioso de la guerra de Flandes cuando el gobernador de la ciudad de Breda, Justino de Nassau, rindió la plaza al general de los tercios españoles, el genovés Ambrosio de Spinola, con quien Velázquez había navegado a Italia pocos años antes depintar el cuadro.

   
 

Retratos reales:

El Infante Don Carlos

Pintado hacia 1626 - 1627, retrato del infante Don Carlos, segundo hijo barón de Felipe III, es uno de los mejores retratos que pintó Velázquez antes de su primer viaje a Italia.

 
     
 

Las Meninas o La familia de Felipe IV.

Obra maestra indiscutible de Velázquez y del siglo XVII. Pintado en 1656, cuando el imperio español y su monarca, prematuramente envejecido, estaban al borde del colapso. Se mire por donde se mire resulta enigmático, desde el por qué hasta el cómo y el para qué de esta composición, cuyo centro luminoso incide sobre la entonces niña Infanta Margarita, atendida por dos meninas. En la imagen reflejada en le fondo vemos a los reyes que no sabemos si vienen o se van, ocupando el lugar del espectador.

   
 

Retrato del Príncipe Baltasar Carlos

Pintado en 1635-36 para ocupar una de las sobrepuertas del Salón de Reinos del Palacio del Retiro, cuando el malogrado infante, hijo de los reyes Felipe IV e Isabel de Borbón, contaba unos 6 años. Este retrato ecuestre destaca por la originalidad, frescura y encanto de la figura, y por la luminosidad y belleza del paisaje.

 
     
 

Retrato del Príncipe Baltasar Carlos.

Sin duda el más hermoso de todos los retratos de los cazadores regios que Velázquez pintó para la Torre de la Parada. El cuadro cuenta con una inscripción que dice que el príncipe contaba con 6 años de edad, lo cual significa que fue pintado en 1636. La figua del príncipe posee un encanto incomparable, habiendo sabido Velázquez equilibrar el necesario aplomo de persona tan principal con la gracia y el candor propios de la edad.

 
     
 

Retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares.

Don Gaspar de Guzmán, Conde-duque de Olivares (1587-1645), valido de Felipe IV entre 1621 y 1643, y bajo cuya protección inició Velázquez su carrera cortesana en Madrid.

 

 

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